Por qué Florida es más que playas.

Miami me lo confirmó. Estuve dos semanas en Florida y los que parecían que iban a ser unos días de sol, han resultado unas vacaciones que han tachado todos y cada uno de los puntos de mi lista. Y es que Florida es más que playas. ¿Que, por qué?

  1. Por la comida.

Y qué comida. Si vas a pasar por Florida, los siguientes sitios son de parada obligatoria:

Squid Lips. 1477 Pineapple Ave, Melbourne, FL 32935.

squid-lips

Este bar/restaurante se encuentra en plena arena, sobre el Indian River, en la zona de Melbourne. Este pequeño oasis está situado al lado de una carretera principal, y sirve bebidas y comida de todo tipo, destacando los finger-food de marisco, entre los que destacan las ostras. Un sitio perfecto para hacer una parada al atardecer y picar algo antes de ir a cenar o volver al hotel, ya que tienen happy-hour de comida y bebida. Lo mejor, definitivamente, son las vistas.

The Boardwalk Bar. Meade Ave, Cocoa Beach, FL 32931.

14432974_10157519737865387_6386274340143644494_n

Situado en el famoso Pier de Cocoa Beach, es el sitio perfecto para descansar entre sesiones de agua,  sol y surf. Todos los restaurantes que se encuentran en el Pier son buenos, pero este tiene las mesas situadas en medio del muelle es el más  especial. Tienen un menú un tanto distinto y podrás comer desde tacos de langosta hasta carne de cocodrilo.

Panther Coffee. 2390 NW 2nd Ave. Miami, FL 33127.

cafe

Este café se encuentra en el popular barrio de Wynwood y  podría considerarse en centro de operaciones de los proyectos creativos de la zona. Como no podría ser de otra forma, jóvenes hípsters se  amontonan en sus pequeñas mesas con su portátil Apple mientras dan sorbos a enormes tazas de café. Pero la diferencia frente a Starbucks en cuanto a la calidad del café es abismal; en Panther Coffee tuestan el café allí mismo y cuentan con variedades tanto de la East and West Coast, como de otros países como Colombia, Brasil o Etiopia. Un pecado confesable: sus galletas. La de chocolate y nueces está para morirse.

Chez Le Bebe. 114 NE 54th St, Miami, FL 33137.

img_20151122_151213

Una de las mejores cosas que tiene Florida, especialmente Miami, es la multiculturalidad. Uno de los distritos culturales, no tan conocido como el cubano, es Little Haiti. Escondido en este barrio se encuentra Chez Le Bebe, un restaurante local, con comida local, para gente local. Tienen varias opciones de comida caribeña, que van siempre acompañadas de ensalada, arroz, plátano frito y frijoles. Las carnes de cerdo y cabra son deliciosas.

Alma mexicana. 1344 Washington Ave, Miami Beach, FL 33139.

img_20151124_191628

El mejor restaurante mexicano en el que he comido nunca. Tal cual, sin duda y sin tapujos. Es verdad que todavía no he estado en México, pero he comido en muy buenos restaurantes mexicanos en Estados Unidos y éste es el mejor. Situado en la popular Miami Beach, es regentado por mexicanos y todos sus platos son excelentes. Es difícil escoger cuál es el mejor, pero para mí, buena amante de los nachos, los suyos son espectaculares. Completamente cubiertos de queso fundido, guacamole, pico de gallo y salsa agria. También son excepcionales los tacos de carne asada, simples y frescos, servidos son cebolla y cilantro. Y para los amantes del picante, los chiles rellenos. Para beber, recomiendo su limonada casera.

Bolivar Resto Lounge. 841 Washington Ave, Miami Beach, FL 33139.

img_20151125_191948

Este restaurant se adapta más al concepto fancy que suele encontrarse en Miami Beach. Es popular tanto por su comida como por sus copas y música en vivo. Lo más curioso es que sirven platos típicos de varias regiones de Suramérica, como Perú, Colombia y Venezuela; por lo que puedes hacer un tour gastronómico sin moverte de tu mesa.

De Venezuela, destacan sus arepas. A veces las sacan como entrante cortesía de la casa, acompañadas por salsas con distinto nivel de picante, y son muy sabrosas y esponjosas.

De Perú, lo más destacable que tienen son los ceviches. Tienen seis distintos y se puede pedir la versión degustación, en la cual sirven un vasito de cada tipo, para probar. No es el mejor ceviche que he comido nunca (obviamente, fue en Lima), pero están buenos.

Y de Colombia, tienen el mejor plato del restaurante… la bandeja paisa. Este plato contiene 13 ingredientes y es una selección de carnes, verduras y legumbres. Si no te parece suficiente, tienes la opción de añadir morcilla o chorizo. Que no te dé miedo, realmente merece la pena.

Blue Heaven. 729 Thomas St, Key West, FL 33040.

keylime

Y la joya de la corona es, sin duda alguna, Blue Heaven en Key West. Y las razones son numerosas: primero, porque fue visitado por Adam Richmon en Man vs Food y eso siempre suma puntos. Segundo, y más importante, por su espectacular Key Lime Pie. Las expectativas eran muy altas y aun así consiguió superarlas. Una capa de galleta excepcional cubierta por una crema de lima ácida y el mejor merengue que se puede encontrar… la foto lo dice todo. Además, si quieres hacer una comida completa, el resto del menú es también bastante bueno. El sándwich de queso frito con aguacate y tomate o el de langosta son recomendables.

  1. Por los parques temáticos.

wizarding_world_of_harry_potter_castle

Sabemos que Orlando es el centro de los parques temáticos. El famoso Disneyworld nació allí y a él se han ido sumando varios parques acuáticos y estudios de cine. Pero por mucho que no te apetezca tomar el té con Cenicienta o hacerte un selfie con Mickey, yo me lo pensaría dos veces antes de decir que no a un parque de atracciones. ¿Acaso hay algo mejor que volver a la infancia por un día y comportarte como el niño que un día fuiste? Y para los que independientemente de la edad, siguen siendo niños, de Wizard World of Harry Potter os hará perder la cabeza (o al menos, conmigo lo consiguió).

  1. Por el surf.

miami-playa

Al pensar en las playas de Florida y, más concretamente Miami, lo primero que nos viene a la cabeza son cuerpos esculturales tostándose al sol, amantes del deporte haciendo running por el paseo marítimo y postureo, sobre todo mucho postureo. Pero un gran desconocido para el público en general es el surf. El clima de Florida provoca que el mar sea revuelto, en contraposición a las calmadas balsas caribeñas. La zona más popular entre los surferos es Cocoa Beach.

  1. Por la ciencia.

kennedy-space-center

Seas amante de la ciencia o no, no puedes ir a Florida y dejar pasar la oportunidad de visitar Cabo Cañaveral. En este enclave se realizan los lanzamientos de cohetes de la NASA y también se encuentra el popular SpaceX, fundado por Elon Musk. Para que la experiencia sea completa, en el Kennedy Space Center puedes visitar exposiciones de los primeros viajes al espacio y montarte en un transbordador espacial que te tele-transportará a las estrellas.

  1. Por la multiculturalidad.

12196319_10156250535740387_753846436487205532_n

Tal es la multiculturalidad, que es difícil saber qué idioma hablar. Yo comencé hablando en inglés, con eso de estar en Estados Unidos, pero terminé hablando en español (cuando comprendí que la única que no estaba hablando mi idioma materno, era yo). La mayoría de los habitantes no-americanos de Miami vienen de Cuba, pero es frecuente cruzarse con gente de todo el mundo. Y como poseen el carácter abierto y sociable de los países cálidos, enfrascarte en una conversación con la gente local es una de las formas más interesantes para conocer de verdad cómo es la vida en Miami.

  1. Por el arte.

wynwood

El festival de arte más famoso de Miami es el  Art Basel y se celebra en diciembre. Pero además, durante todo el año, Miami cuenta con museos, exposiciones, arquitectura, diseño y arte callejero por todos sus rincones.

El distrito Art Decó se sitúa en South Beach y está compuesto por cientos de edificios que datan de los años 1920 a 1940, aunque han sido renovados y cuidados. Se puede realizar una ruta comenzando por Ocean Drive y terminando en Collins Avenue.

Aunque el barrio que más te puede acercar al diseño y arte de vanguardia es Wynwood. Wynwood sería  a Miami como Williamsburg a Nueva York. Situado en un área modesta al otro lado del Biscaybe Bay, se está poco a poco llenando de pequeñas galerías, tiendas y restaurantes en un ejemplo más de gentrificación.

  1. Por la naturaleza.

img_20151125_110411

Y es que los Everglades están a menos de una hora de Miami Beach. Este parque natural es la zona más salvaje de Estados Unidos y se trata de un terreno pantanoso que alberga más de 6000 kilómetros cuadrados. Los caimanes son los reyes del lugar y podrás verlos flotando en los lagos.

  1. Por los paisajes.

img_20151127_173231

No hay vista más bonita que la que se tiene al conducir desde Miami a Key West. Esta carretera, que puedes tardar entre tres y cuatro horas en recorrer, es una fina línea rodeada por mar a ambos lados. Y además de que el viaje es increíble, la recompensa al llegar es aún mejor, ya que al atardecer se puede observar cómo el sol se pone en el horizonte, tiñendo de rosa el cielo de los cayos.

  1. Por el clima.

img_20151122_173528_hdr

Es punto es corto y directo: Florida es conocida como el Sunny State. Por lo que es un gusto visitarlo a cualquier época del año, pero mucho más cuando en tu país de residencia es invierno y puedes volver a la civilización con un moreno envidiable.

  1. Por la gente.

img_20151123_143643

Amabilidad pura, cercanía, calidez, relax y buen humor. En conclusión, nada de estrés.  Miami me lo confirmó.

 

 

 

Que no quiero ser francesa.

Todavía me acuerdo de febrero de 2009. Yo era una joven universitaria que estudiaba tercer curso de carrera. Acababa de aprobar Química Analítica y eso me hacía sentir que nada podría pararme. Un día frío de fuerte cierzo, en plena época de exámenes, escuché la noticia:

“El McDonald’s de Plaza de España cierra”.

Después de años preguntándonos cómo era posible que el McDonald’s tuviese ganancias suficientes como para mantener el alquiler del emblemático edificio en el centro de Zaragoza, llegó la respuesta: No tenía.

Puede ser que cualquier persona que no haya nacido en la capital aragonesa no entienda lo que ese McDonald’s significa para aquellos nacidos entre comienzo de los setenta y finales de los noventa. Ese McDonald’s ha sido punto de encuentro universal de jóvenes para irse de cañas, salir de compras o reunirse antes de dirigirse al Tubo o al Casco, ambos a menos de diez minutos a pie desde allí. Yo, todavía, después de más de siete años cerrado, sigo diciendo: “¿Quedamos a las ocho en el McDonald’s?”

20090526001610-sin-macdonalds

Fuente de la foto: http://zaragozando.blogia.com/2009/052601-sin-mcdonald-s-en-la-plaza-espana.php

Pero al llegar allí ya no queda restaurante, ni cartel con la M roja gigante, ni nada. Tan sólo un edificio en piedra gris con algún que otro grafiti y anuncio pegado. No queda rastro de niños, ni grupos de amigos, ni de adolescentes que creen estar viviendo el sueño americano en suelo maño. Y, mientras espero apoyada en la pared, me acuerdo de los veranos a cuarenta grados, cuando mi madre trabajaba y yo intentaba convencer a mi padre de que nos llevase a por un Happy Meal en vez de comer en casa. De las tardes eternas con amigas, enfrentándonos a todos los problemas de los trece años, Coca Cola en mano. Del día en el que recibí una bronca por haberme comprando un helado en la despiadada cadena de restaurantes en la que nunca debería haber entrado. Por poner contexto, en los cines estaba Fahrenheit 9/11 y Michael Moore había calado hondo.

Los meses siguientes a tal sonada noticia estuvieron copados por especulaciones sobre qué negocio se instalaría en el famoso edificio. Una tienda de telefonía, decían unos. Un restaurante de alto standing, rumoreaban otros. Une discoteca en pleno centro, soñaban los más juerguistas. Pero yo consideraba que sólo había una cosa que pudiese ocupar ese lugar: Un Starbucks.

12142033_970195079709747_1877364497_n1

Yo, que llevaba veintiún años viviendo en Zaragoza y soñaba con recorrer el mundo, lo tenía claro. Acababa de venir de Londres y lo había visitado día sí, día también. Me imaginaba pasando mis tardes en un local cosmopolita, lleno de muffins, cookies y brownies. Fantaseaba con caminar por el Paseo Independencia, maletín en una mano y latte en la otra, en dirección al trabajo. Lo comentaba con todos y lo rezaba por las noches; sólo me faltó abrir una petición en Change.org (pero, por aquellos entonces, aún no estaba de moda).

Hoy por la mañana, desde otra parte del mundo pero siempre conectada con mi tierra, he leído la tan esperada noticia:

“Zaragoza abrirá un Starbucks en Puerto Venecia”.

¿Mi reacción?

“A qué fin”.

O lo que viene a ser lo mismo: “Qué falta hará”, “Menuda cosa más absurda e innecesaria” y “No creo que vaya por allí”.

¿Que, por qué?

Porque después de más de seis años fuera de España, no me entusiasma el hecho de tener que pagar más de cuatro euros por un café.

Porque no hay nada comparable con el hecho de tomarse un cortado con hielo en una terraza. Y que se te caiga la mitad del café fuera del vaso, mientras lo echas sobre los cubitos. Y que vaya perdiendo intensidad mientras éstos se van deshaciendo.

Porque no hay rutina más bonita que entrar al bar de la esquina, al grito de: “¡Un café!”, y poder pagar con las monedas que llevas sueltas en el bolsillo.

Me sobran todos siropes, los frappes, los vasos gigantes de plástico transparente y las tazas blancas con el logo verde. No necesito ni el wifi gratis, ni los frascos con canela, cacao y azúcar de vainilla.

Un cortado. Un sólo con hielo. Un café con leche del tiempo. Un carajillo. Todo esto son cosas que en el extranjero no entienden. Un ejemplo perfecto de aquello que menosprecias, hasta que lo pierdes y pasas a echarlo de menos. Nostalgia en taza.

Me he pasado los últimos años de ciudad en ciudad, de hotel en hotel, de aeropuerto en aeropuerto. Entrando en todos los Starbucks de diversos rincones del mundo. Resguardándome del aburrimiento, del frío, del calor y del sueño. Pero después de haber vivido en cuatro países y haber visitado más de veinte, lo tengo muy claro:

“Más cortado y menos latte”.

10098702906_8773b9c169

Fuente de la foto: http://www.davidlebovitz.com/cafe-cortado/

No quiero una realidad híper-edulcorada con café americano. Al igual que no quiero ir corriendo con prisa, termo en mano.

No quiero modales refinados, llenos de thank you, pardon, excuse me y you´re welcome, si van acompañados de frialdad, miradas indiferentes y sentimiento de superioridad.

No quiero puntualidad, tecnología, eficiencia y productividad, si no se me permite relajarme, fluir y actuar sin sentido y con curiosidad.

No quiero conversaciones entre copas de vino y queso, si no voy a poder exclamar en alto lo que siento y reírme a gusto, sin que me miren con desdén por estar alterando el orden público.

No quiero millones de bares a la última moda, museos de arte y galerías alternativas, si tardo tres horas de cronómetro en llegar de sitio a sitio, arrastrándome por el subsuelo de los túneles del metro.

No quiero espacios verdes, limpios, sostenibles e idílicos que atravesar en bicicleta, si tras esa cara ideal ocultan hipocresía, intolerancia y prejuicios que me provocan agujetas.

No quiero ser americana, ni alemana, ni inglesa, ni holandesa, ni sueca, ni danesa.

Como diría la Virgen: que no quiero ser francesa. Tan sólo quiero ser tal y como he nacido: 100% aragonesa.

14364829_10157482377530387_1487965980887442555_n

* Este texto ha sido empezado a las 17:00 en el Starbucks del aeropuerto de Bruselas y terminado a las 23:00 en el AVE con destino a Zaragoza, creando así una metáfora de seis años en seis horas.