Blue Monday.

Mi color favorito siempre ha sido el azul. Es curioso, eso de los colores favoritos. Con la cantidad de tonos que hay presentes en la naturaleza, ¿por qué íbamos a tener que escoger sólo uno? ¿Y, en qué nos basamos a la hora de elegir?

blue door

Y la verdad es que es una de las preguntas más comunes que siempre utilizamos cuando conocemos a alguien por primera vez. Y parece ser que la respuesta es obligada, algo así como saber cómo te llamas, dónde has nacido o qué edad tienes. Incluso los niños pequeños lo tienen claro; unos eligen el rojo (porque un coche, si es de ese color, seguro que corre más rápido) y otras el rosa (porque una princesa que no vista de ese color, seguro que no es ni princesa ni nada).

Sin embargo, a mí, desde siempre, el color que me ha fascinado es el azul. Y no sabría explicar el por qué. Los psicólogos siempre lo relacionan con la tranquilidad. Y tendría sentido que sienta una preferencia por este tono, como una búsqueda de la serenidad que tanto escasea en mi día a día, haciendo malabarismos entre viajes, reuniones e informes. Pero no, a mí la calma me la proporciona unas buenas vacaciones en el Caribe, no un color por muy azul que sea.

A mí lo que me gusta del azul es el cielo. Despertarme, abrir la ventana y ver que no hay nubes, ni lluvia, ni niebla, ni nieve. Únicamente un lienzo azul, dominado por brillo e intensidad. Es que se me pone una sonrisa en la cara sólo de imaginarlo. Puedo incluso sentir el ligero calor que el cielo azul es capaz de provocar en las mejillas.

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Y lo que me gusta del azul es el mar. Una inmensidad calma, o brava, o uniforme, o picada. Que no sigue ningún tipo de reglas, sólo la de dejar que las olas vayan y vuelvan a la costa cada pocos segundos. Que ruge en libertad cuando se aproxima una tormenta, pero que te mece y abraza en los días más dóciles.

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Por eso no entiendo que al día más triste del año se le diga que es azul. Que sí, sé perfectamente que “blue” en inglés significa tanto “azul” como “triste”. Pero aun así, yo le hubiese llamado “Grey Monday”. Porque, desde que me he despertado, yo no he visto nada azul.

Nada más abrir la ventana, una tormenta de nieve ha inundado todo el paisaje de blanco: los copos, los campos, los tejados, la cima de las montañas. Después, al salir a la calle, el cielo estaba invariablemente gris. Y me da la impresión de que así se va a quedar todo el día. Los coches dejaban escapar humos color ceniciento y las plantas de producción despedían nubes de un tono más bien oscuro. El cemento de las casas estaba a juego con el encapotado cielo y los rostros de la gente lucían fríos y metálicos, como el acero. Así que azul, yo todavía no he visto nada.

Hasta ahora. Que mientras escribo estas líneas me he mirado los dedos, y las uñas están empezando a tornarse de ese color. Tras lo cual he girado la cabeza hacia la ventana y mi reflejo me ha devuelto una mirada enmarcada por unas ojeras, también azules.

blue ice

Y por fin lo he entendido. Los azules hoy somos nosotros. Y para no dejar que el Blue Monday me arrastre con él, lo mejor será escuchar un blues mientras me preparo un té Montagne Bleue y un blueberry muffin. Y si esto no funciona, dejar la última bala a cargo de Facto Delafé y las Flores Azules. Y pienso que no puede ser casualidad que tengan una canción titulada “Letargo”.

Feliz (aunque paradójico) Blue Monday a todos.

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Querido 2016: lo tienes crudo.

Querido 2016:

He prometido escribirte una carta, y las promesas están para cumplirlas. Para no andarme con rodeos, seré franca contigo:

Darling, lo tienes crudo.

Ayer me despedí de alguien llamado 2015. Posiblemente hayas oído su nombre… Lo conocí hace 365 días, exactamente de la misma manera que ayer me encontré contigo. Llegó sin ser invitado y, sin darme elección, me dijo que iba a quedarse a vivir conmigo un año entero. Al principio no me gustó demasiado… me pilló muy desconfiada, en una época en la que estaba harta de ofertas, de apuestas y de cuentos. Me parecía muy prepotente; anunciaba conseguir demasiado, y en muy poco tiempo. Pero, ahora que ya se ha ido de mi lado y nunca más va a volver, he de reconocer que me volvió loca.

2015 fue mi mejor amigo y mi mejor amante. Con él tuve las noches más locas y los días más inesperados. Me hizo reír hasta quedarme sin aliento y emocionarme hasta llorar. Supo cómo conquistarme poco a poco, pacientemente y sin exigencias, caminando a mi lado mientras yo descubría mi mundo. Y, día tras día estuvo ahí, lloviese, tronase o hubiese un tornado en mi interior. Y así fue cómo, sin darme cuenta, me fui enamorando de él.

Siempre fui consciente de que el 31 de diciembre me iba a decir adiós, pero el hecho de estar preparada no hace que una despedida sea más fácil.

Así que, lo siento mucho, pero te han puesto el listón demasiado alto. Me temo que no has llegado en buen momento y te espera un destino de eterno segundón. Como el chico cuyo hermano mayor es brillante y tiene que esforzarse el doble para poder destacar y competir por la admiración de sus padres. Ese que tiene que heredar toda la ropa y las profesoras siguen llamándole por el nombre equivocado.

Yo, lo único que puedo prometerte es que intentaré no juzgarte y no compararte con tu predecesor. Aunque, por ahora, he de decir que me ha gustado el hecho de ver que estás jugando fuerte, apostado un día más que 2015. Me hace pensar que sabes que vas a necesitar todas las armas que encuentres a tu alcance. Veamos, valiente, si eres capaz de aguantar el ritmo durante los 366 días.

Querido 2016, encantada de conocerte. Empecemos a jugar.

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