Cómo soñar responsablemente.

Este texto surge como complemento al artículo Sueños robados, que se atreve a desafiar una sociedad basada en lemas como “Follow your dreams” o “If you can dream it, you can do it”.

Porque en una generación en la cual la mayoría de las necesidades primarias están cubiertas, un abanico de opciones secundarias se abre ante nosotros, como un catálogo. Y no sólo eso, sino que  ser soñador está de moda.

Hay quien dice que hay que tener cuidado con lo que se sueña, no vaya a ser que se cumpla. Ya que abandonarlo todo por perseguir un sueño puede echar por tierra logros pasados, parejas y relaciones. Sobre todo si al conseguirlo te das cuenta de que ese no era tu verdadero sueño, sino el de otro. Y reciclar un sueño no es tan fácil.

Pero entonces… ¿cómo soñar?

  1. Cuando pienses en lo que quieres conseguir, pregúntate: ¿Para qué?

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Tienes una idea. Un sueño, un proyecto que te entusiasma y que consideras que podrías darle forma y llevarlo a cabo.

La idea se te acaba de ocurrir, y ya estás perdiendo el tiempo para pasar a la acción. Al fin y al cabo, en una sociedad que se mueve tan deprisa no hay tiempo que perder, ¿no?

Echa el freno. Antes de lanzarte a piscina, pregúntate si ese es tu sueño o si, por el contrario, lo estás utilizando como vía de escape de la realidad. Si ese sueño te pertenece a ti, o lo has copiado del sueño de otro.

Para ello, una vez que te planteas qué es lo que quieres conseguir, puedes preguntarte: ¿Para qué? ¿Cuál es el fin último de esta idea? ¿Cuál es el siguiente paso si un día lo consigues, cuál es la aplicación? Muchas veces encontrar respuesta a estas preguntas lleva mucho más tiempo que planear el sueño en sí. Y si no eres capaz de responderlas, puede ser que necesites más tiempo para reflexionar antes de estar preparado para pasar a la acción.

  1. Averigua si ya sabes qué es lo que te gusta… o si aún lo tienes por descubrir.

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Seguro que sabes muy bien lo que quieres. ¿Seguro…?

¿O más bien te concentras en pensar qué es lo que la sociedad espera de ti?

Decidimos qué es lo que necesitamos, lo que queremos llegar a ser… y enseguida empezamos a buscarlo, a prepararnos, a luchar por ello. Pero sin embargo… ¿nos hemos dado la oportunidad de descubrir qué es lo que realmente nos gusta?

Es como la conversación que habrás oído más de una vez:

– Cómete las verduras.

– No me gustan.

– ¿Cómo te van a gustar si ni siquiera las has probado?

Sabiduría popular.

Así que no te conformes: replantéate  tu realidad e intenta cosas nuevas, que nunca se te hubiesen ocurrido. No te niegues a intentar algo distinto porque “es que siempre se ha hecho de la misma forma”.

  1. Si tus sueños no te asustan, es que son demasiado pequeños.

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No tengas miedo. Si te vas a poner a soñar, hazlo de verdad. O todo o nada. Si desde el principio te pones límites a ti mismo, poco a poco tu sueño se irá desvaneciendo y terminará convirtiéndose en algo fácil de conseguir. Y no son las cosas fáciles las que realmente merecen la pena.

No temas fracasar. El miedo es una reacción humana ante una situación desafiante, que nos hace consciente de los peligros y nos permite concentrarnos al máximo. Aprende a reconocer tus miedos, míralos cara y cara y trabaja con ellos, como si no fuesen más que un chute de cafeína que te hace estar alerta.

Y piensa en los errores como la forma más efectiva de mejorar. Si vas a equivocarte, hazlo pronto, de manera barata y aprende de los errores para que no ocurran dos veces.

  1. No desprecies ninguno de tus sueños.

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Puede ser que tengas varias ideas, proyectos o anhelos rondando por tu mente. No desprecies ninguno de ellos. Según vayan yendo las cosas, puede ser que te centres en uno en concreto y le dediques todas tus energías… pero no tires ninguno.

Guárdalos en una cajita y revísalos de vez en cuando. Nunca sabes cuándo va a llegar el momento perfecto para dejar salir a uno de ellos.

  1. Reflexiona extensamente antes de tomar una decisión. Y una vez te decidas, tómala sin mirar atrás, y con todas sus consecuencias.

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La última clave de soñar responsablemente (y la más importante) es considerar todas las opciones. Invierte tiempo antes de embarcarte en la búsqueda de tu objetivo: habla con expertos en la materia, toma contacto con el tema, busca oportunidades para experimentar cómo sería tu futura vida a pequeña escala, en un ambiente controlado.

Y una vez hayas hecho esta evaluación, lánzate sin mirar atrás. Escoge un camino y sigue por él, sin plantearte qué es lo que te hubieses encontrado por los otros. Vas a necesitar toda tu fuerza y energía para enfrentarte a los peligros que van a ir surgiendo, así que no puedes permitirte dedicarlas a preocuparte.

Y es que, al fin y al cabo, lo mejor de haber sido jodidamente responsable al planear tu sueño es que un día puedes dar la espalda a la rutina… y empezar a escribir la historia de tu propia vida. Y todo esto, sin sentirte culpable.

Sueños robados.

Deja la mente en blanco. Por un momento, olvídate de todo. Tu ciudad, tu día a día, tu vida.

Y ahora, concéntrate. Piensa: ¿Qué quieres? ¿Qué es lo que realmente deseas? ¿Qué es lo que aspiras a llegar a ser?

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Posiblemente, una imagen se haya aparecido en tu cabeza. ¿Tu sueño? ¿Quizás muy lejos, en un lugar en el que no has estado nunca? ¿O realizando algo que quieres conseguir por encima de todo?

Si me pidiesen describir la sociedad actual con una palabra, lo tendría muy claro: sueños. En una generación donde la mayoría de las necesidades primarias están cubiertas, un abanico de opciones secundarias se abre ante nosotros, como un catálogo. Gracias a la globalización, los viajes están al alcance de todos. Cambiar de profesión parece más fácil que escoger camisa nueva todas las mañanas. Y las redes sociales nos muestran que conseguir los sueños no es exclusivo de los más afortunados, sino que puede pasarle a cualquiera. A ti, a mí, a todos los que se lo propongan.

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Y no sólo eso, ser soñador está de moda. Vivimos unos tiempos post-carreristas, en los que hemos visto ejecutivos quemados por el estrés, familias divididas por el horario laboral y una crisis económica mundial que ha destrozado empleos fijos, empresas millonarias y estabilidades financieras. Tiempos en los que nos preguntamos si la riqueza da felicidad. Una generación a la que ya no le vale el famoso “salud, dinero y amor”.

Pero como todo, en esta era de marketing digital, modas, post-modas y anti-modas, soñar ya no es gratis, sino que se está convirtiendo en obligatorio. Tienes que soñar. ¿Estás feliz con tu vida? ¿Te gusta tu trabajo, tu gente, tu realidad tranquila y sin preocupaciones? Entonces parece ser que eres un conformista, un simple, una persona sin ambición.

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Y tú, soñador que tanto sueñas… ¿Qué sueñas? Esos sueños, ¿los has creado tú? ¿Han salido de tu cabeza, de tu corazón, movidos por anhelos y objetivos personales?

¿O son sueños de otro? Sueños que has visto en un video de Youtube, o en el último cortometraje de Cannes. O sueños que se te han ocurrido de repente, después de ver unas fotos en Instagram. O sueños robados, que un día hicieron feliz a una persona y ahora piensas que te van a hacer feliz a ti. Como quien desea la felicidad que ve compartir entre dos personas, pero que al meterse en medio ve cómo se desvanece, ya que no es un bien material que se pueda robar. Lo mismo que los sueños.

Y a este fenómeno, que se le ha ido llamando toda la vida como “culo veo, culo quiero”, se une la necesidad de satisfacción inmediata propia de la era tecnológica. Una realidad en la que para saber cualquier cosa (el significado de una palabra, una dirección, la capital de un país), sólo hace falta sacar el iPhone del bolsillo y darle al botón de buscar. O que esperar la confirmación de un e-mail en el trabajo durante más de un día es demasiado tiempo. O no tener respuesta a un whatsapp al minuto siguiente, completamente intolerable. Por lo que no es de extrañar que queramos conseguir nuestros sueños, y los queramos ya.

Pero hay que tener cuidado con lo que se sueña, no vaya a ser que se cumpla. El “Follow your dreams, they know the way” que tanto está de moda hoy en día es más peligroso de lo que parece. Porque un sueño repentino, poco pensando o robado por el que se decide abandonarlo todo puede echar por tierra objetivos pasados, logros conseguidos y hasta relaciones y parejas.  No hay nada peor que un iluso inspirado. Porque corre el riesgo de lanzarse sin red sobre una idea fugaz, sin valorar lo que tiene ni disfrutar del camino hasta la meta. Y que una vez que alcanza el fin… se da cuenta de que no es feliz, de que era un sueño robado. Y ya no hay vuelta atrás.

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Soñar sin sentido es como esa sensación de vacío al entrar a una tienda de ropa y descubrir que no puedes comprar nada, porque ya tienes de todo. Afortunadamente, en el Corte Inglés existe la temporada primavera-verano que te hará recuperar la ilusión y renovar tu armario. Sin embargo, es extraño e improbable que los sueños se puedan reciclar tan fácilmente.

Con esto no quiero decir que no se deba soñar. Sueña mucho, y sueña alto. Pero sueña tus sueños y vive tu vida, sin dejarte llevar por las pseudo-modas y hipsterías varias. Escribe tu propia historia.

¿Te has quedado con un sabor de boca amargo? No era mi intención. Y para demostrarlo, dejo la otra cara de este texto, la más happy, en el artículo Cómo soñar responsablemente.  Y sigamos soñando.

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